Un nuevo horizonte
El romanticismo del periodista antiguo, aquel que se encerraba con su máquina de escribir a tipear enfurecidamente largas crónicas y reportajes en extenso con una profundidad casi literaria, ha llegado a su fin. En tiempos donde todo se encuentra al alcance de la mano -o un click- el periodista ha debido reformar aquello que en la sala de alguna universidad le prometieron ser la clave para un comunicador.
Atrás quedó el tiempo donde el periodista escribía para aquel señor que se sentaba tardes enteras a leer en un papel el acontecer de cada día. Con el exponencial crecimiento tecnológico era de suponer que también afectaría a la forma en que nos comunicamos. Ya lo hizo el teléfono y la televisión en su momento, pero hoy en día es el tiempo del internet, ese conjuro que los abuelos aún no han logrado descifrar.
No me atrevería a decir que la palabra ha perdido su valor durante este proceso en que el comunicar se vuelve tan tecnológico. Más bien, diría que ha cobrado una mayor importancia. En la televisión todavía existe esa tranquilidad de no estar en una constante saturación, ya que se dispone de una cantidad limitada de canales nacionales con una programación claramente estructurada. El panorama difiere bastante cuando observamos lo que ocurre en internet; al día se crean miles de sitios web, todos en la misma lucha por ser visitados independiente de su contenido. La disputa es constante.
Cuando digo que la palabra ha cobrado mayor importancia es por lo que señalé con anterioridad. En la disputa debe haber un vencedor y aquel que logre ganar -y por ende ser visitado- va a ser aquel que haga un muy buen uso de las palabras, siendo capaz de tener conciencia del poco tiempo que un usuario promedio va a querer visitar su sitio. La paciencia no se fomenta en la web.
Atrás queda ese forma de entender el buen uso de las palabras como la belleza literaria de una crónica perturbante. El buen uso de las palabras se limita a escoger las adecuadas y organizarlas de manera correcta, pues el usuario no va a dudar en abandonar vuestro sitio si a los 5 segundos no fuiste capaz de mostrar lo que él quería ver, ni escribir lo que él quería leer.
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